A un centurión sólo se le puede azotar con un sarmiento

Hasta el S. I a.C. se exportaba vino de Itálica a Hispania. A partir de ese momento se empieza a cultivar vid a gran escala. La principal zona de elaboración fue la actual Cataluña. No obstante los Íberos ya elaboraban vino a nivel doméstico para autoconsumo.

En el año 92 d.C Domiciano declaró un edicto donde se obligaba a arrancar el 50 % del viñedo de las provincias y en Itálica de prohibió plantar vid. Esto se debió a la escasez de cereal de la época. Había falta de pan y abundancia de vino, lo cual provocó problemas políticos. Los cereales eran un bien de básico y el vino un bien de lujo.

En la actualidad, se considera que este edicto se declaró para proteger el vino de Italia de la competencia de los vinos de provincias. Además no se hizo caso, ni se arrancó viñedo ni se dejó de plantar. La prohibición fue derogada por el edicto de Probus, como venganza de las provincias a los itálicos. Probus permite la plantación de vid en Galia e Hispania, y no sólo eso, sino que se utiliza al ejercito para dicha empresa. Es por ello que en la actualidad existe un monumento a Probus en Champaña.

Algo curioso y que deja constancia de la importancia que la vid y el vino tenían para los romanos, es que a un legionario se le podía azotar con cualquier cosa a modo de castigo. En cambio a un centurión sólo se lo podía castigar azotándole con un sarmiento de vid.

En la misma Biblia encontramos hasta 600 referencias a la vid y al vino. En el libro del Génesis podemos leer “Noé, agricultor, comenzó a labrar la tierra y plantó una viña. Bebió de su vino y se embriagó”. Además, este libro sagrado habla de cómo las vides fueron traídas desde Egipto (ver vinos antiguos), donde se pueden encontrar escenas del cultivo de la vid en pirámides y tumbas.

Los egipcios transportaban y vendían sus vinos en cántaros de barro. En uno de ellos todavía se puede leer la siguiente inscripción firmada por el bodeguero Tutmes: “En el año 30, los buenos vinos del bien regado terreno del templo de Ramsés II, en Per-Amon”.

Aunque fue en Grecia donde se desata la pasión por el vino, utilizándose para diferentes celebraciones en honor a sus dioses, los cuales estaban humanizados. En la Odisea (Homero, S. VIII a.C.) se habla en varios pasajes de la alta graduación del vino y la permanencia en tinajas de barro durante varios años. Y es que el vino siempre ha estado junto al hombre y viceversa.


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