Cómo se elabora un vermut

Un vermut es al fin y al cabo un vino. No un vino al modo tradicional, sino un preparado a base de vino, que tiene un sabor dulce y amargo a la vez. Enriquecido en aromas, un vermut es un licor que se toma normalmente como aperitivo. Según parece esta bebida se elaboró por primera vez en Turín (Italia), conservando esta región un merecido prestigio. Los mejores vermuts se elaboran a base de vinos que proceden de la variedad Moscatel.

Cómo se elabora un vermut

Se elaboran con Moscatel porque es una variedad muy aromática de uva (variedad terpénica). Hay otros vermuts que se elaboran a partir de variedades menos aromáticas, siendo el resultado final de inferior calidad.

Para elaborar un vermut, se parte de un vino de calidad, se le añade azúcar de caña o de remolacha, en una cantidad justa, para no dejarlo empalagoso. Para endulzar también se puede añadir mosto o arrope. Un vermut suele tener un grado alcohólico comprendido entre los 15 y los 17º.

Son innumerables las fórmulas y las plantas que se utilizan para aromatizar un vino. Cada bodega o firma tiene su “fórmula magistral”, aunque siguen experimentando y especializándose cada vez más.

De una planta se suele utilizar la parte aérea, ramas y hojas secas. Las plantas más utilizadas son: el ditamo, el ajenjo, el cardo santo, la melisa, la manzanilla, el azafrán y las flores de saúco.

También se puede aromatizar un vino con los frutos y las semillas de una planta. Como por ejemplo la nuez moscada, que da calor y sabor ardiente. Las semillas de cardamomo (Asia) aportan aromas muy agradables.

Las raíces de algunas plantas también son aprovechadas, es el caso de la Galanga de Malabar o el Lirio de Florencia.  El amargor lo puede aportar la corteza de Quina de Calisaya o la madera de Causia.

Todos estos productos naturales de los que estamos hablando deben de ser molidos y añadidos al vino para su maceración. Los mejores vermuts deben de ser envejecidos, aunque como en todo hay diferentes gustos.

Las hierbas también pueden ser maceradas a parte, en frío y sumergidas en una solución hidroalcohólica, la cual ayudará a la extracción de aromas y sabores. Después, el líquido resultante se añade al vino que queremos convertir en vermut. La proporción la marca cada maestro bodeguero.

Un vermut recién preparado no está afinado o ligado, por lo que habrá que dejarlo ensamblar en un depósito o tonel. Es aconsejable la agitación periódica para una correcta homogenización.


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